
Envidia versus serenidad, coherencia y justicia. Me resulta cómodo creer que nadie regala nada, que la mayoría de los mortales tienen lo que se merecen, en especial si es bueno o positivo, que se lo han ganado, que han luchado por ello. No me gusta universalizar la excepción, pluralizar lo singular, hacer de lo poco habitual una norma. Estamos en un país donde el rico es, por definición, un impresentable, vanidoso, ladrón y vividor que, además, debe pagar más que los demás, en tributos, en especias y en salud, si se quiere…
Sí, se debe dignificar el salario, para todos, sin excepción. Pero invertir con un riesgo brutal parte de tu capital en un negocio y salir a flote, o pescar en río revuelto miles de euros, manejar con habilidad el entorno bursátil, estudiar años y años profesiones que requieren una constante actualización, o preparar oposiciones duras, eternas, agotadoras, como Magisterio o Notaría, no da derecho a nadie, paradójicamente, a despellejar a casi “todos éstos” que parecen vivir bien. Funcionarios en general, médicos, dueños de grandes almacenes o tiendas de ropa, propietarios de locales de moda, herederos de fortunas, enchufados (el enchufismo es una enfermedad que queremos para nosotros y criticamos cuando lo padecen los demás, peculiar coherencia…) son diana de críticas ácidas, celosas de éxito, desgarradoras.
Si el gobierno nos quita el 5% de nuestro sueldo, se oyen voces que piden que “a los ricos” les quiten más… ¿por qué? ¿Sabemos hacer cuentas? ¿Sabemos cuánto dinero supone un 5% para un “mileurista” y qué cantidad supone para el “diezmileurista”? ¿Sabemos a qué ayudas públicas acceden unos y otros? Eso da igual…Nos sentimos mejor, y “que se joda todo el mundo”, que les quiten tantas vacaciones a los maestros, esos que aguantan miles de horas a los hijos que a veces no soportan ni sus padres…que machaquen a todos los controladores, los jetas y los dignos, que da igual, no hacemos distinciones…

Claro, las excepciones, que las hay, de los que sí son vividores, vagos y excesivamente pagados claman al cielo…pero esas no necesitan defensores, ni dudo jamás de su marginalidad, y se cubren, o deberían, con jueces honrados o leyes coherentes, estableciendo límites de erario público disponible o control de sus sueldos, si es que los pagamos todos.
Hay personas cuyo trabajo justifica sobradamente su salario, si es que éste es desorbitado (¿conocen el sueldo base del profesional que le transplanta un corazón o un riñón? se sorprenderían…), otras que generan lo que ganan, por la ley de la oferta y la demanda, como Cristiano Ronaldo (¿cuánto ha pagado Vd. por una camiseta con su nombre a la espalda, ¿80 euros? ¿cuánto desembolsó por ver un partido de fútbol con un par de amigos? ¿100 euros? ¿cuántos álbumes y cromos compró?...)

Pero para la mayoría de estos celópatas irreverentes, la guapa se ha operado, el dotado sexualmente es primo de photoshop, el rico es un mafioso, el funcionario un vago, mi vecina una puta y el maricón un degenerado, sobre todo si viven bien. La divorciada caliente, el alto torpe, el gordo zampabollos, los de la cirugía estética presumidos y trastornados (¿todos?) y mi hijo inteligente y guapo, no como los demás. Mis vacaciones, inolvidables, el resto un horror; mi sinceridad, necesaria, la ajena que se la metan por donde les quepa, mi ascenso, merecido, el de enfrente es “por ser un pelota”; los jefes, todos trepas y estúpidos. Y para colmo, el respeto y la pena, sobre todo aquella humillante, sólo manan para el hundido, el abandonado, el que ha perdido un familiar, el arruinado, el que no vale nada, o eso creen, y se vuelcan en halagos y apoyo incondicional, porque es evidente que no es rival. Si levanta cabeza, volverán las oscuras golondrinas…

La Familia Real, vividores, dicen, aunque nadie se cambiaría por ellos según las encuestas, los de las revistas del corazón, siempre feos para tanto dinero que tienen, y con mal gusto claro, es mejor el nuestro. La televisión basura, cuentan, donde muchos bailan para que miremos, y miramos mientras nos fascina que existan, alimentados claramente por nuestra mano, pero criticados cínicamente por todos. Deportistas millonarios, berrean, por dar cuatro patadas a un balón (¡dalas tú, a ver qué tal…!), los curas, degenerados y amargados, los políticos, difamadores y portadores de cohecho fácil, los ejecutivos, viven como quieren (¿alguien conoce realmente su trabajo?), los consortes de adinerados, nunca están enamorados, sino cabalgando sobre el “braguetazo”… y así hasta el infinito.
Respeto, para todos aquéllos que, merecido o no (que nadie es supremo para tal juicio), cobran lo que les pagan, y punto. Sí, juzguemos las excepciones, esas que merecen cárcel y normas, jueces y juicios, pero dejemos al resto vivir en paz con lo que tienen, que, la mayoría de las veces, es justo y merecido. Nadie regala nada. Punto.
…en vez de infierno encuentres gloria…
Deseemos la gloria a los demás, y no el infierno. Así creceremos. No creo que ocurra. Una pena.

5 comentarios:
Estoy contigo en todo Ernesto. Da gusto leerte... :)
Lety
Gracias,Lety, está muy bien "verte" por aquí...
Desear lo mejor a gente que trabaja duro y honestamente es más fácil....lo dificil es desear lo mejor a todo el mundo. Saludos.
EM Peruana, tienes razón, pero no te olvides de que algunos millonarios también se ganan la vida de forma honesta y trabajando duro...eso es lo que nadie quiere ver.
Perdona, Ernesto por haberte leido con tanto retraso, pero me ha encantado encontrarme una vez mas con que tus pensamientos, coinciden con reflexiones que en algún momento me he planteado, y que, como casi siempre, vemos las cosas de un modo similar. Eso si, en tu caso, infinitamente mejor expresado. Enhorabuena por el artículo, y... en general, ya sabes.
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