sábado 18 de junio de 2011

La paz interior



No siempre las decisiones que tomamos complacen a los demás. En muchas ocasiones esos, los demás, no están capacitados para juzgarlas, y por otro lado ni siquiera tienen derecho a ello ya que no les competen ni afectan en medida alguna. En estos últimos meses, he tomado decisiones personales que me han hecho merecedor de cierto distanciamiento de quienes me rodean. Familiares, amigos y por supuesto hijos, quizá tengan licencia para según que reproches o juicios de valor. Compañeros de trabajo, simples conocidos o incluso gente intrascendente, nunca deberían ser acreedores de esa prebenda.
La madurez, la de verdad, exige ser ponderado, ver mas allá de versiones parciales, intuir lo que no se ve o dudar de lo que parece evidente, y sobre todo, tratar a quienes te rodean en función de cómo lo hagan contigo, y no por caprichos, conceptos preconcebidos o parciales e incluso sesgos de lo que se cuenta de los demás.




Por otro lado, existen pocas obligaciones que no prescriban: ser padre o madre, por ejemplo, es una de ellas, y hacerlo desde la entrega y generosidad más absoluta. Ser un hijo o hermano respetuoso y querer desde siempre, sin condiciones. Ser intachable en tu trabajo y convivir en paz con la profesión elegida (Eclesiastés: “ama tu oficio y envejece en él”) y quizá mantener una condición de ciudadano normal y bajo una normativa respetada con naturalidad. El resto es modificable, y existen multitud de caminos personales, emocionales y vitales que podemos y a veces debemos transitar, sin que ello suponga ningún tipo de menosprecio o intromisión de aquellos que, inmovilistas felices o amargados, que nunca se sabe, se conviertan en portadores universales de la varita de lo normal o lo correcto.
Padres, maridos, compañeros o amigos perfectos "de boca", o eso cuentan en publico, se tornan en impresentables, dañinos, cínicos o retorcidos por debajo de mesa, siempre escudados en el escondrijo del cotilleo más ruin.
Aquellos que de verdad son intachables (¿existen?), debieran culminar ese "status” con el respeto a las decisiones ajenas. Durante todo este tiempo, me he bebido más veces de la cuenta un poema clásico, un catalogo de normas que me han servido para encontrar cierta paz:

EL SILENCIO

“No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.
No llames si la puerta esta cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundara tu pecho de este modo,
sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te ira diciendo todo, todo, todo.





Y esa “calma profunda y transparente” que describe el texto, me ha hecho regresar con serenidad y sin rencor de un oasis extraño donde muy pocos han estado a la altura de una situación que solo afecto a los míos, y posiblemente a quienes de verdad estaban pegados a mi. Dicen que la madurez de la que hablaba antes es “el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar”. No creo que jamás cambie la crueldad de algunos fenotipos intelectuales, ni que las decepciones en personas que nos rodean decrezcan de forma inmisericorde. Quienes quieran acercarse a mi sin prejuicios y con sinceridad, serán bienvenidos. Aquellos cuyos ojos engañen, serán tratados de la misma forma, con bondad, pero dejaran unos posos de tristeza que he aprendido a incinerar en silencio.
Mañana cumplo 43. Soy feliz. Estoy en paz con casi todo, y esos posos de dolor o retazos de felicidad que dejé, los ordeno, manejo, conservo o destruyo como considere. Sin jueces externos, sin miradas escrutadoras no solicitadas. Punto. Seguiré tomando mis decisiones, seguirán mirando, sin más. Seguirá inundándome un sentimiento de paz. La vida es corta. Los días largos. Trate a todos con guante de seda, “fortiter in re, suaviter in modo”. Quizá debieran haber hecho lo mismo conmigo. Pero ya no importa.
Hace calor. Luce el sol. Como siempre…

5 comentarios:

MASTENIS dijo...

Hace 3 años miré por primera vez tu blog. Cumplías 40. Ahora te has hecho un hombre, enhorabuena.... El dia en el que te das cuenta de que hay que estar en paz con uno mismo en contra de lo que piensen o digan los demás, es que has entrado a ser adulto. Algunos nunca llegan. Otros tuvimos que hacerlo muy pronto.

FELICIDADES, por tantas cosas.

mussus

ERNESTO dijo...

Y casi siempre aprendes cuando ya te has hecho fuerte.Gracias por tu apoyo.
Un saludo,Mastenis.

E.M.Peruana dijo...

Hola Ernesto, me identifico contigo, creo y siento tus palabras en carne propia, bendita la hora en que llegamos a pensar más en nosotros mismos que en los demás...yo sigo en esa lucha y quien te quiera de verdad estará a tu lado siempre.
Cuidate y disfruta tu paz...

Anónimo dijo...

me ha gustado mucho esa reflexión.. aunque creo que yo soy incapaz de conseguirlo vivo para los demas siendo el ultimo mono, no es facil ser siempre la ultima de la cola para todo y como te lo agradecen los demas..., y eso que siempre que puedo recuerdo la frase que me dijo mi padre:NO ESPERES NADA DE NADIE Y ASI NADIE TE DEFRAUDARA.
xxx

ERNESTO dijo...

Supongo que demasiado negativo, quizá algo mas triste de lo debido,no esperar nada de nadie,pero dudo mucho que alguien sea la ultima de la fila, a no ser que se coloque allí voluntariamente, o crea que los demás se lo han impuesto...Un saludo.Ernesto.