domingo 12 de febrero de 2012

El viaje más dulce, la gloria más efímera...




Regresábamos de un partido, uno más, en aquellos interminables viajes de autobús. Toda una noche, casi en vela, incómodos, cansados, y tras una derrota contra dios sabe quién. El equipo del Magia de Huesca regresaba a su ciudad, que ya casi se adivinaba al fondo de una inmensa y eterna carretera recta. No recuerdo el año, quizá 1987.
Amanecía, y los aún tenues rayos solares se colaban por delante del vehículo, creando una atmósfera que, a pesar del agotamiento, parecía sedar a todo el mundo y donde no se oía más que el silencio. Yo iba delante, siempre escogía esa situación por mi tendencia al mareo. Estaba a gusto, esperando la llegada. Granger Hall, desde la parte trasera del autobús, donde siempre viajaba para estar “ a sus anchas”, recorrió el pasillo entero y se dirigió hacia el conductor –“querrá mas o menos calor”, pensé- acostumbrado a las distermias constantes del americano durante los viajes.



Llevaba algo en su mano, pero no se veía bien, apenas se intuía una caja pequeña, más bien plana…
Habló unos segundos, hizo un gesto de aprobación y volvió a su asiento. El sol seguía ascendiendo y ya casi todo estábamos sentados, despiertos y, sobre todo, muy, muy tranquilos por alguna razón que nunca entenderé.
De repente, una voz, una desconocida y celestial voz llenó el autobús. Seguía el silencio, ahora inundado de esa música que nadie conocía pero que parecía hipnotizar a casi todos. Esa escena continuó durante más de 30 minutos, fue diferente, especial y desde luego, un descubrimiento de todos los que estábamos allí, gracias al gusto musical de Granger. Lo que nos mostró, en un peculiar momento de nuestras vidas, fue este disco, el primero, de Whitney Houston. Convirtió un desplazamiento horrible en un viaje dulce, tremendamente dulce…
No tardamos demasiado en preguntarle de quién se trataba, mientras él sonreía con cara de suficiencia y nos enseñaba el cassette.



Vivir da tanta luz que en ocasiones abrasa. El consuelo es efímero si no conlleva un exhaustivo análisis de todo aquello que te angustia. Por eso, sembrar compañía o esperanza es tan importante, aunque no sea reconocido de forma inmediata. La vida duele, en ocasiones, y el modo de sentirlo o afrontarlo refuerza o destruye a quienes luchan contra sentimientos encontrados.
Gracias, a Granger por enseñarme a Whitney, a ella, por acompañarme en muchos momentos de mi vida desde entonces, y a los que resisten, por eso, por ser fuertes y vivir, que no es poco…
WH, descansa en paz… (1963-2012)

sábado 11 de febrero de 2012

BASKETME: el trabajo bien hecho...




Una vez más,la web especializada en baloncesto BASKETME, ha tenido el detalle de pedirme una colaboración para su "Guía de la Copa del Rey" 2012.
Gracias y enhorabuena por un documento de descarga gratuita y con una gran calidad de contenidos.

VISITA ONLINE: http://www.basketme.com/noticia.php?id=54414


DESCARGA GRATUITA DEL DOCUMENTO (PDF):
http://www.basketme.com/2.0/descarga.php?file=GuiaBasketMeCopadelRey2012

martes 7 de febrero de 2012

Roberto o el mago de la sencillez




Hace unos días leí, casi por casualidad, que un amigo de mi infancia, Roberto González Presas, pasaba a ser entrenador del equipo ACB “Blancos de Rueda”. Ambos dimos nuestros primeros pasos en este deporte en el Colegio Lourdes de Valladolid, donde compartimos mucho más que un juego de fin de semana. Yo tuve la suerte de navegar en la Liga ACB y, muchos, muchos años más tarde aparece mi compañero con otra profesión diferente, pero surcando el mismo mar…
Roberto nunca quiso llegar porque nunca quiso a ir a ningún sitio más allá de donde las circunstancias le condujesen, sin ambiciones fatuas ni pretensiones vacías. Roberto no quiere crestas ni olas, sino reposar en su trabajo y en sus convicciones. Schopenhauer nos explicó que para nuestra felicidad importa más nuestra situación personal que lo que puedan pensar los demás sobre nosotros. Roberto lleva 30 años de éxito, desde que decidió ser jugador de baloncesto y posteriormente entrenador o maestro, que no hay tantas diferencias. No creo equivocarme si aseguro que, siga en ese proyecto o no, seguirá siendo feliz, sereno, educado y responsable, sin decepciones absurdas ni soberbias insultantes. La fama es limitada y fugaz, un consuelo de incapaces, mientras que la felicidad es endógena, eterna, casi inmortal si la consigues. No importa si es en la soledad del pasado o en la multitud del presente: el destino le ha concedido un regalo, pero nunca lo necesitó, a decir verdad. Sólo ha extendido las manos con timidez para intentar, con cierto pragmatismo, encontrarle alguna parte humana al proyecto. Sin ella, nunca lo hubiese aceptado. Esto no es el cénit de nada, sino una piedra más de un proyecto vital y profesional al que le queda toda una vida, sólo una gota del enorme recipiente que falta por llenar.



Roberto González y Ernesto Fernández


Sus pasiones nunca serán el éxito o la notoriedad, sino el trabajo y la seriedad. No creo que se fíe de los cómplices de juguete que ahora le rodean, ni de las manos en la espalda que, en función de sus resultados, le sostendrán o empujarán. Roberto se fía de lo de siempre, de los de siempre. Roberto vive cerca del baloncesto desde su infancia, desde aquellos primeros pasos en el colegio donde nos educamos.



El éxito se sostiene con la madurez y se basa en una trayectoria impecable, nunca en determinados resultados, ni tan siquiera en decisiones acertadas, sino en una coherencia personal que viene de lejos, de muy lejos…
El trabajo nunca está por encima de la vida de nadie, ni siquiera de aquellos que lo intentan. La vida puede sentirse orgullosa de Roberto, y no al revés. La esencia de las personas permanece inalterable con el paso de los años. Él no necesita buscarse a sí mismo, porque siempre ha tenido claro quién era. Roberto ya era maduro con 15 años y eso transmitía: nobleza, serenidad, seriedad comedida y una gran sonrisa cuando se lo permitía. Después de cada partido era él, sin haber jugado un solo minuto o habiendo anotado 20 puntos y tras completar el partido de su vida; disfrutaba, sin más.
Ser primer entrenador ACB ha sido mi excusa para recordar que, con o sin ese regalo, seguirá siendo feliz, seguirá estando rodeado de sus amigos, seguirá siendo él. Su rostro será mate pero sus decisiones brillantes, su fe será ciega pero su carácter lúcido, su naturaleza sobria pero su capacidad altiva. No importa lo que ocurra. Roberto no llegó ahora. Estuvo desde siempre…

domingo 29 de enero de 2012

Ricky Rubio, o la dualidad a un ser pegado…



OPCION 1:



Ricky puede ser muchas cosas, seguro que algunas buenas, y tiene, evidentemente, ciertas virtudes moderadas, pero no es en absoluto un anotador infatigable ni el dios del baloncesto que nos quieren vender. Resulta poco estético y es, por otro lado, un ser hipertrofiado desde hace años en aras de vender producto nacional, víctima de lo que nadie se atreve a reconocer: la NBA, excepción hecha de 20 ó 30 jugadores, es una competición absolutamente devaluada y pobre. Pobre de solemnidad. Hoy en día se buscan jugadores en Europa para la NBA, y no al revés. Es una liga mediocre donde muchos europeos que en nuestras ligas son relativamente superiores a la media o no pasan de los 5 ó 10 puntos, destacan allí sobremanera, con anotaciones mucho más allá de lo razonable para su calidad. Nadie cambia en 15 días y Rubio no es una excepción. En la NBA han estado varias temporadas jugadores que en España considerábamos incluso “malillos” o al menos eran seriamente cuestionados, y otros han vivido allí varias temporadas con lesiones incluso severas o limitaciones físicas importantes.



Rubio es un mito inflado sin perdón: hasta las crónicas de los periódicos españoles apestan cuando has visto el partido o las jugadas que luego describen con “imaginación” e incorrecto descaro... Manipuladas, mentiras piadosas, nacionalismo barato y sin medida. De un jugador normal en la ACB a la bestia de la NBA ¡Venga ya! Los jugadores evolucionan (mejoran) en años, con mención especial para Felipe Reyes: mejoró en el bote, la actitud, el tiro, el pase…progresión brutal en un jugador que ya es leyenda de nuestro baloncesto. Suma y sigue. No creo en los milagros.
No, no me gusta Rubio, y jamás me dejaría engatusar por el circo mediático americano. Tiro mediocre y poco consistente, defensa buscando el robo y no la eficiencia, miedo en momentos decisivos, nula aceptación de un papel que no sea el de protagonista de la película…un base apañado, pero nunca una estrella mundial. No creo en él, lo afirmo por encima de las estadísticas. Éstas tienen valor en función de lo que te rodea, y hace mucho tiempo que codearse con lo mejor de Europa es mejor que hacerlo en esa liga supuestamente galáctica que malvive en el subsuelo desde hace ya unos años.
Ricky volverá a su sitio -si es que algún día lo dejó- y estaremos esperando. Eres lo que eres, que no está mal, pero no te dejes engañar: no eres aquello en lo que quieran convertirte. Si lo crees, un bonito sueño se convertirá en la peor de las pesadillas.


OPCION 2

Sí, la envidia es el deporte nacional, y basta que alguno de los nuestros destaque para que, indefectiblemente, la mitad del país le adore y la otra mitad le ponga a parir. Ricky es un brillante ejemplo de la cantera nacional, un expositor del infantilismo tierno en la vida real y la madurez y la clarividencia más genial en una cancha de baloncesto. Ricky nos devuelve a Mirza Delibasic, gracias a Dios, y sus gestos nos conducen a un portentoso mago del pase y la visión. Sus manos, rápidas y precisas, arrebatan carteras a los que presumían del bote controlado y magistral, y su tiro ha mejorado (¿fue malo alguna vez?) a la misma velocidad que sus pases picados. No le asusta la fama, incluso en pañales, y por fin los genios del espectáculo americano disfrutan con lo que aquí nunca sabremos: montajes, entrevistas, música, acción, motes respetuosos, premios varios, idolatría divertida, BALONCESTO, pasión, héroes para toda la familia…exprimen al famoso, le dan juego, le admiran sin complejos, le disfrutan.



Rubio es un jugador que aporta siempre frescura, una actitud modélica; pase elevado a la categoría de joya, defensa intuitiva y agresiva, pocas lesiones, consistente ya en el tiro, entra con habilidad e inteligencia, con mucha más potencia de la que aparenta, nervios de acero, alma de blues…
Impacto mediático merecido... Supongo que no muchos jugadores en competición cadete internacional firman 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 recuperaciones de balón.
Táctica y técnicamente intachable, es además un excepcional compañero, falto de esa dañina ambición salvaje, pero con el empuje y la personalidad necesarios para triunfar. Motor casi empujado por todos los que nos empeñamos en que esté donde debe: en la mejor liga del mundo… Empieza su sueño y el nuestro. Bienvenido al paraíso.





OPCIÓN 3, By Mo Sweat (gracias...)

Ricky es el tipo de jugador que es, y como tal, si lo fichas debes saber para que lo fichas...

Un equipo no debería fichar, por poner un ejemplo tonto, a Sergi Llull si lo que quiere es un base cerebral y con una gran capacidad de lectura del juego; ni tampoco debería fichar a Fernando Romay si lo que quiere es un cuatro alto que pueda jugar abierto y lanzar desde lejos, ni fichar a Erazem Lorbek si lo que quiere es un cinco puro con muchos kilos de músculo y capacidad de intimidación...

...Y el Barça fichó a un chaval cuyo punto débil era el tiro y cuyo punto fuerte es tener el balón en las manos para crear y para hecer jugar rápido al equipo... y allí no cuajó.

Como no cuajaría, por ejemplo, jugando en los Lakers al lado de Kobe, ya que el estilo de los Lakers es como el de los Bulls de la era Jordan, que jugaban sin base puro... Sus bases siempre eran escoltas camuflados de base, con mucho tiro y poco más... Como los que siempre ha tenido Kobe al lado; y es que el que tiene el balón en las manos siempre allí no es el base, es Kobe... Igual pasaba en el Barça, solo que cambiando a Kobe por Navarro.

En el Barça, en parte, el base es Navarro, aunque no lo sea, pero es él el que decide que hacer, como Kobe en los Lakers... no el base... Y Ricky en esa situación queda anulado, pues lo que él necesita es tener él el balón en las manos para crear y hacer jugar al equipo, lo cual no ocurría en el Barça.

Ahora en Minnesota se ha encontrado con todo lo contrario, con un equipo joven, un entrenador que le deja realizar su juego, con buenos jugadores interiores y buenos aleros anotadores expectantes de que él les de buenos pases y lo más importante para él, con confianza y con un equipo al que le gusta jugar rápido... touché !! Este equipo sí que ha fichado a Ricky Rubio consciente de para que lo quería...

Yo, más allá de la cantidad de cosas que se vierten (y se han vertido) sobre él, lo veo así.

domingo 15 de enero de 2012

Algo de actualidad y la gran Gran Vía




Un día soleado. Uno más. Un par de gestiones intrascendentes me llevan al centro de Madrid. Es temprano, aunque nadie lo diría por el continuo trasiego de gente. En una brusca transición, entro en la Gran Vía, y un mal cálculo de distancia desde el aparcamiento me obliga a recorrerla entera, pero me resulta agradable el error. Miro a mi alrededor, como siempre. No hay una sola vez en la que al pasear por las calles más emblemáticas de esta ciudad mis ojos no se abran de una forma casi infantil, con fascinación y un curioso interés. Madrid acoge, invita, acepta a todos y no hace preguntas. Es una actividad ordenadamente incoherente, de prisas y turismo besándose sin demasiada pasión. Pobreza, pesimismo, vitalidad, alegría y drama, trajeados y deportistas, todos comparten un mismo espacio, un mismo cielo, cómplices de oscilaciones frenéticas de paz y exasperación.
Las motos invaden las aceras con una consentida y curiosa bula policial generosamente aceptada por todos.



Algunas parejas, casi siempre ellos, hacen gala estridente de una presumida homosexualidad, y miran desafiantes en su exuberancia innecesaria. Me cruzo con un ejército de ciudadanos. Unos, los más, apartan la mirada rápidamente, otros en cambio la mantienen hasta que les pierdo de vista. Un policía atractivo, alto, casi de película, sostiene una enorme metralleta entre la acera y la calzada. Su coche, mediocre sin embargo, no está demasiado lejos. Parece inmune a todo, y quizá lo sea: una anciana derrama sin querer su bolsa de la compra. No lleva demasiado, algo de fruta y un par de pequeños paquetes más, pero todo cae a los pies del agente. No mueve un músculo. Hará bien, supongo…ella lo recoge, digna, y sigue. No parecía esperar esa ayuda tampoco, así que no muestra decepción con el agente, sino contrariedad por el incidente.
Todo es multicultural, casi antiendogámico. Mucha gente sonríe sola. Otros farfullan con naturalidad. Dos chicas jóvenes, probablemente en su adolescencia más tardía, se fotografían divertidas en una terraza, a pesar del intenso frío. A su lado un supuesto ejecutivo vocea a su subordinado por teléfono sin demasiada educación. A pesar del volumen de su tono, nadie le presta demasiada atención. Acedia de sentimientos calculada o costumbre manifiesta. Me llama la atención ese pasotismo atroz. Todo parece asequible pero inconquistable.
Un muchacho joven, bien vestido, me hace un gesto de complicidad mientras se acerca de frente a mí. Me entrega el sexto “panfleto publicitario” en apenas 200 metros.
Me agobia discretamente, miro a mi izquierda, casi escondiéndome de esa extraña persecución, cuando una estrecha calle lateral parece llamarme. Está poco transitada, y me apetece seguir mi recorrido por una calle paralela. Es un alivio, aunque no tarda demasiado en aparecer otro “espontáneo”:
-¿Le importaría esperar unos segundos? Estamos grabando. En cuanto acabe la toma le dejo seguir…
-¡Claro, claro...tranquilo…!
En esa cortísima toma, una pareja transita por la calle charlando animadamente. Nada más. Lo hacen bien…con soltura. Parecen expertos o veteranos, a pesar de que su supuesta edad parece indicar lo contrario. Más de tres cámaras situadas en diferentes localizaciones graban con profesionalidad.
No me suenan sus caras, pero tampoco me quedo a cotillear. Nadie lo hace. Sigo mi camino y resuelvo mis recados de forma sorprendentemente rápida. Sí, claro, una parte de la burocracia ha mejorado, y funciona. Por fin existen citas on-line cómodas, funcionarios amables y departamentos, consejerías y administraciones bien estructuradas y organizadas. He tardado mucho menos de lo previsto, así que me tomo un café. El sol ya empieza a calentar discretamente. Algunos buscan descaradamente la acera soleada. Sigue aumentando la vida sobre la acera, ahora de una forma ya no tan agradable, más masificada, con aceras inundadas que apenas se insinúan.



No importa el local. Están todos llenos de Smartphones tomando algo con sus dueños. Sí, en ese orden. Ya no existe la soledad, la agradable, la que obliga a levantar despacio la taza para acto seguido no hacer nada, sólo mirar a tu alrededor disfrutando de la nada. Ahora, en cada rincón, los dedos se deslizan de forma interminable por la pantalla de los teléfonos. Aparentemente lo empobrecen todo. Incluso parejas comparten esa compulsiva moda sin dirigirse la palabra en paréntesis interminables. Se me antoja exageradamente obsesivo y cruelmente instalado en nuestras rutinas. Chats, correo, Internet, whatsApp, fotografías, música…la vida, o al menos una parte, encerrada en una pantalla de apenas 5 x 8cm. No me gusta. No como “modus vivendi”.

Un rato observando, sin más, dos o tres sorbos al enorme café con leche que me han preparado, y paso a ojear al periódico sin demasiado interés, aunque eso cambia de forma brusca al leer una curiosa noticia. Ahora entiendo que algunas veces tengamos que recordar que las películas se basan en la realidad, nunca al contrario. Un enorme barco, el Costa Concordia, endiablada paradoja, naufraga en un caos de pánico y muerte impropio del año 2012. La vida nos coge de la solapa y nos zarandea como le place, sin previo aviso y con las víctimas mas absurdas, sólo explicado con alguna fe religiosa que admiro o la ciencia mas mundana. El capitán es detenido por huir el primero. No sé si es lucidez o cobardía. Sólo se lo agradecerá su familia, y tampoco daría mucho por esa afirmación.








Y en el deporte, Ricky Rubio, pero eso es harina de otra entrada…
Empieza el año. Y seguimos…

lunes 12 de diciembre de 2011

“El mágico album de deseos”



El álbum completo de nuestra vida vuelve a casa, y en Navidad los espejos nos acompañan a su antojo, mostrándonos todo y nada, llevándonos en volandas hacia otro año, con nuestra conciencia borrando las huellas de casi todo, con una luz especial que alegra a unos, deja indiferentes a otros y amarga al resto. Estrellas, belenes, adornos, recuerdos, momentos…sólo momentos, pero mientras queden los deseos, seguimos vivos, ilusionados, esperanzados de vida en el suave reflejo de otra Navidad. Una más.
Pero sería deseable que las felicitaciones se restringiesen a aquellos que nos importan de verdad, con el cariño que merecen y el espacio adecuado en la pantalla de tu móvil, ordenador o postal. Y sería un milagro que nadie temblase si no es por frío, que cerrar los ojos fuera un gesto que apareciese más veces que las correspondientes a cada noche, como los ancianos, una pausa que da serenidad. Sería estupendo que ordenar pensamientos fuese una obligación moral diaria, que dar la mano fuese siempre un gesto protector y humano; que los besos no se vendan, que alguna vez sigamos contando un cuento a un niño, que las lágrimas a veces sirvan para ver a tus amigos, siempre que sigan ahí cuando rías a carcajadas. Que las súplicas se reserven para ocasiones especiales, que colgar el teléfono con enfado sea una leyenda que nadie ha visto ni vivido jamás, y que parecerte a alguien sea un placer y no una odiosa comparación.

Sería deseable que la envidia no marque las decisiones de nadie, que los compañeros de trabajo lo sean de verdad, sin prejuicios y con flexibilidad y sonrisa real, nunca fingida.
Sería deseable que los solteros decidan sin prisa, sin presiones, sin sentir el peso de la soledad, buscada o no, sino el alivio de la libertad o la paz más celestial. Que los casados felices agradezcan a la vida su suerte, su infinita suerte, y los infelices aguanten sin reproches pero sin apagarse ni morirse en vida, buscando recursos y amigos, ocio y pasión donde puedan o, por el contrario, cambien su vida, sin por ello modificar radicalmente su forma de ser o de pensar. Y que los divorciados o separados entiendan que los hijos son los mismos que tenían, para los cuales la naturalidad y la normalidad es la mejor receta, sin amores fingidos o dirigidos, sin compensar nada con ellos ni litigar más allá de lo inevitable. Que alguien cuidase a los cuidadores de enfermos, que no hiciesen falta turnos en los hospitales en estas fechas, y que alguna vez “tenemos que hablar” sea precursor de buenísimas noticias.

Sería deseable que las recetas milagro no campasen a sus anchas mientras el resto de los estilos de vida no acompañen en la misma proporción, que aceptarse fuese mejor que inventarse remedios. Sería deseable que entendiésemos que la fuerza de la voluntad es lo más poderoso que tenemos, y que tiene el don de la ubicuidad, que para dormir bien hay que cenar pronto, tener la conciencia tranquila y el cuerpo mimado.




Sería vital que supiésemos que un masaje es una inversión necesaria y un baño caliente una obligación semanal. Que a veces hay que inventar mapas del tesoro para ilusionarnos con lo que queremos conseguir, y que el tiempo lo manejásemos sin desidia y con el corazón. Sería deseable que reservásemos trasteros cerebrales de cosas inservibles, siempre que los ordenemos de vez en cuando rescatando lo que creíamos perdido; que la marea se llevase sólo lo que disfrutamos viendo cómo se aleja, que valorásemos que mirar a los ojos a tu pareja más de treinta segundos vale la pena en momentos de paz, que lográsemos entender que los ángeles están más cerca de lo que creemos, que juzgásemos a las personas por su comportamiento, no por lo que nos han contado de ellos.

Sería deseable que llevásemos al altar a quienes lo merecen, en todos los sentidos, y que dar las gracias fuese una labor incansable y reconfortante; y que prometamos sólo lo que sentimos, que la victoria fuese una apuesta gratuita, y que la propiedad no fuese aplicable a las personas; que dar la cara fuese la norma, que ser uno mismo no estuviese prohibido, que ser joven y viejo fuese la mejor paradoja del mundo; que nunca doliese alejarse, que las pilas durasen siempre, que necesitar a alguien fuese un dulce placer sin repuesto, y no un estéril sufrimiento y que nunca necesitásemos lo alto de una gran montaña o la inmensidad del mar delante de nosotros para reflexionar unos segundos eternos y respirar más hondo. Que la indiferencia no fuese nunca útil, y que aprender supiese a helado de fresa toda la vida.
Sería deseable que esta Navidad ser agradable, amable, cercano, y atento fuese la norma social y no la excepción.
Sería deseable que más de la mitad de este texto fuese factible, un sueño posible, un afán asequible. Y lo es. Lo sé.

¡Feliz Navidad!

sábado 12 de noviembre de 2011

Pasa, está abierto...

Nunca me cansaré de insistir en la importancia de sentar unas buenas bases. En todas las etapas de la vida, pero especialmente en la infancia. Luego cada uno utiliza ese poso de la forma más apropiada o absurda, pero la materia troncal debe ser única, ferozmente controlada, hábilmente suministrada a nuestros menores. En esto, en la forma de indicar el camino a nuestros hijos, el deporte marca siempre una elección segura. Después, como digo, la gente toma extrañas decisiones: una pareja ya establecida se piropea en publico a través de facebook, extraña herramienta donde la mentira campa a sus anchas, los adolescentes “guasapean” mucho y hablan poco, los adultos sin iphone parecen impotentes funcionales, el sedentarismo aumenta vertiginosamente, y la televisión malvive entre basura aceptada. Pero seguimos educando, o deberíamos. Luego vendrán los inconformismos, las pasiones frustradas, o no, amores celestiales o baldíos, que de todo hay, y casi seguro un estilo de vida inadecuado, pero tratamos de evitarlo con la compañía de sus fines de semana, los de los chicos, que a veces embarullan los nuestros.
Circunstancias de la vida me llevan a las 9 de la mañana a un colegio cualquiera de Madrid. Categoría benjamín. Baloncesto mixto, liga escolar. ¡Dios! 30 años después de dejar mi Valladolid natal, viviendo feliz entre patios de mil colegios los sábados por la mañana, concurrido paraíso, vuelvo a subirme a ese tren matinal que recorrió media vida conmigo.
El patio estaba mojado, empapado, con charcos peligrosos. Había llovido bastante. Una cría, (¿25-30?), entrenadora del equipo local, barre la pista entera sin ninguna ayuda, llena de ilusión, seguramente con poco o ningún sueldo mensual. Llega la primera. Es puntual, sonriente. Los padres aparecen con cuentagotas, impuntuales establecidos. Roza lo grosero. Entre 15 y 20 minutos tras la hora indicada. Tardan en darse cuenta del trabajo de limpieza del campo, y cuando lo hacen, sólo le indican dónde barrer, pero siguen sin ayudar ni ofrecerse. Mucha corbata, poco espíritu. Me ofrezco a echar una mano. No por heroísmo, sino casi por piedad cristiana. No sabe quien soy, pero le da igual. Me da las gracias y mientras yo sigo, va a por los banquillos y la silla y mesa de anotación. Los padres miran el reloj. Algunos charlan.Los banquillos, calco exacto de los de los 70, rebosan ropa, mal colocada.Como siempre.Las líneas que delimitan el campo llevan a errores a los jugadores, como siempre...



Año 2011




Año 1979


Excepto por la equipación, más ancha y novedosa, más estilosa y colorida, la estampa podría tener una fecha cualquiera, 1982. Árbitros y mesas mal pagados, vocacionales y vital sustento de todas esas ligas, y un compendio de padres de comportamientos estandarizados: el pseudoentrenador que da instrucciones gritando y aturulla a su propio hijo, lerdo pretencioso que no respeta ni al entrenador ni a su retoño, urgente afán de triunfo; el ocupado, llamadas a móviles sin cesar prescindiendo del partido, total, ¡a quien le importa!; el histérico de gestos y aplausos, exagerado e histriónico; el que confunde un Madrid-Barsa con esto, y acribilla al arbitro de reproches e insultos; el sereno, espectador respetuoso y noble, que desde un sitio prudente escruta con tranquilidad y disfruta con dulzura. Sí, casi todos hombres. Lo siento. Ellas, las madres, mucho más naturales, menos afectadas, más humanas: les da igual que su hijo salga un Gasol o un Navarro. Cuidan, con mayúsculas, sin más.
El árbitro, otra mujer, no sólo pita: también corrige normas y se las explica a todos los jugadores con paciencia, de ambos equipos, deteniéndose más tiempo en quien no entiende la disertación. Procura pasar por alto infracciones evidentes pero inocentes. ¡Qué gusto de inteligencia emocional!
Los aros, torcidos casi siempre, las redes, gastadas de lluvia y colmadas de frío y viento, los postes de las canastas, recubiertos de forma cutre con gomaespuma, incapaces de fabricar el pack completo, evolución tecnológica veloz en todo, pero aquí…estancamiento peligroso.




Patio imperturbable, casi postal fotográfica de todas las épocas…de hecho, adjunto una de la mía y otra actual, calco de suelo, de luz, de peregrinación de sabiduría, todos iguales ante el balón, niñas (más del 80%), niños, ricos y pobres: juegan, corren, pasan frío, se divierten. Evitarán litronas y estupideces, la mayoría. Son la fuente del futuro.




Ventanales de rejas infames y peligrosas vigilan mudos, como testigos atemporales de todo, generaciones y generaciones de escolares que vuelven el sábado felices a sus colegios a hacer deporte.






Huele a paz. A veces la memoria importuna, otras, rememora cuantiosos aniversarios de sábados de vida y deleite de libertad. Me sentí feliz, satisfecho, lleno de vida. No necesito somníferos ni sedantes. Tengo esto. Acabó el partido. Se fueron. Todos. Miré un par de veces más antes de marcharme. Usa a los demás para lograr tu felicidad, pero siempre con tu propia llave y con recuerdos que te quepan entre las manos. La vida es efímera, pero la sonrisa no cambia nunca. Eso es tu patrimonio. Se hace tarde…tengo más cosas que disfrutar. Una nueva vida que estrenar. Con la misma ilusión que siempre, una última partida. Ven, si quieres, abre cuando llegues. Estaré esperando…